Tuesday, April 25, 2006

Orlando

Orlando se ensimismaba.
Una masa eterna que se contorsiona hasta el delirio.
Orlando ya no habla con nadie, esta solo. En medio de la gran metrópolis, solo. Sus oídos distinguen sonidos que emana su boca, pero no los comprende, tampoco le interesa.
Orlando trabaja.
Orlando amaba, disfrutaba, se embriagaba, drogaba, participaba en orgías.
Orlando vio el primer y ultimo crepúsculo, del sol y de la luna, y de su vida.
Hace tiempo que perdió la sensibilidad en sus parpados.
¿Sería lo mismo no parpadear hasta que brote sangre de sus ojos, o cerrarlos para no volver a ver?.
¿Por qué tendría que interesarle distinguir caras, apreciarlas, compartir con ellas?
¿No hacia ya demasiado tiempo de eso? Pero algo existía en el, algo que no le permitía llegar a la quietud que tanto buscaba. Quizás seria la mosca que en su cuarto cuelga de una telaraña, o las palabras que no oye, o su mismo himno…no se…

Y así pensó Orlando:

Tan bueno es beber hasta el delirio,
Tan buenos son los vasos que en la boca decrecen,
Tan eternos son los recuerdos que se esfuman en el aire.
Tan pesado es el día, tan pesados son los parpados.
Todo es de espuma casi liquida,
Y mientras cae entre los dedos
Vos reís.

Ya es un año, ya paso la tormenta.
Ahora el tinte negro oculta el sol en el horizonte,
Mejor así, quizás la nostalgia de paz,
y rompa las pelotas.

Fin

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